Al amparo de la más inmensa,
oscuridad imaginada.
El corazón acurrucado
y oculto palpita al compás,
por la angustia de una ausencia
en exceso prolongada.
Las persianas bajadas,
para no dejar pasar la luz.
Que importune el llanto silencioso
que siempre acude fiel,
después de una llamada.
Valiente y disimulada
cuando la distancia la protege
capaz de hablar tranquila
y susurrar su nombre
por que esos ojos,
no han de ver su mirada.
Porque el otro corazón,
no ha de sentir su desesperanza.
Sin promesas de futuro,
ella siempre aguarda…
Que el amor
cruce esa pequeña distancia.
Sujeta a la vida
por una simple, llamada…

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